Crecimiento Espiritual

Un camino individual a la paz interior para la unidad y la paz mundial

Destellos de la vida de ‘Abdu’l-Bahá

Posted by catinur en septiembre 29, 2010

Imagínense que nos encontramos en una antigua casa de la todavía más antigua ciudad de Akká…La habitación en la que estamos se abre a un callejón pavimentado que un hombre activo podría limpiar de un escobazo. En el cielo brilla el sol de Palestina; y a la derecha el antiguo muro y el Mediterráneo azul. De repente, nos llega un clamor muy singular, débil al principio, pero creciente. Parece el murmullo de voces humanas…

Abrimos la ventana y nos asomamos. Ahí está una multitud de seres humanos cubiertos con harapos y vestidos con remiendos. Bajemos a la calle a ver quiénes son.

Es una reunión digna de atención. Muchos están ciegos, otros pálidos, desnutridos o envejecidos…la mayoría de las mujeres están bien cubiertas, pero lo poco que está a la vista es suficiente para convencernos de que si se levantaran los velos sólo veríamos más dolor y miseria. Algunas con niños de rostros cétrimos y hambrientos. Quizás suman un centenar. Son miembros de todas las razas que uno ve por las calles, sirios, árabes, etíopes y muchos otros.

Apoyados en las paredes, parecen esperar algo. ¿ Qué esperan? Esperemos con ellos.

No es larga la espera. Se abre una puerta y sale un hombre. Es de mediana estatura, de constitución fuerte, que lleva una vestidura larga de colores claros. Sobre su cabeza descansa un ligero fez de ante, envuelto parcialmente en un turbante de tela blanca. Aparenta unos sesenta años. Sus cabellos largos y grises descansan sobre sus hombros. Su frente es ancha, amplia y alta, su nariz ligeramente aguileña, su bigote y barba están ya casi blancos. Sus ojos son grises y azules, grandes pero suaves y penetrantes. Su porte es sencillo, aunque con movimientos llenos de gracia, dignidad y majestad. Pasa entre la multitud y les saluda. No entendemos sus palabras pero vemos la amabilidad y bondad en su semblante. Se para en un rincón de la calle y les pide con las manos que se acerquen a él. A veces se amontonan demasiado. El los aparta suavemente y hace que pasen por su lado, uno por uno. Pasan con las manos extendidas, y en cada palma él coloca unas monedas. Les conoce a todos y acaricia sus rostros, su cabeza, sus hombros. Se entretiene con algunos y les hace algunas preguntas. A un viejo negro que cojea , le dirige unas amables palabras, las cuales hacen dibujar en su rostro una amplia sonrisa llena de felicidad. Detiene a una mujer con un niño y cariñosamente acaricia al pequeño. Algunos besan su mano al pasar, mientras a cada uno les dice: “Marhabbah, Marhabbah” Bien hecho, bien hecho.

De esta forma pasan todos.

En todo este tiempo, este amigo de los pobres no ha pasado desapercibido. Varios hombres que llevan “ feces” rojos, con rostros llenos de fe y amabilidad, le han seguido, han estado a su lado, le han ayudado a poner orden y ahora le siguen con modales llenos de reverencia, a una respetable distancia. Cuando se dirigen a él  le llaman “Maestro”.

Esta escena se repite casi todos los días del año en las calles de Akká. Por otra parte, hay otros episodios qué sólo tienen lugar al principio de invierno, cuando se acerca el frío, y como en todas las ciudades, los pobres mal vestidos van a sufrir. Un día cualquiera de esta época, si saben Vds. el lugar y la hora, podrán ver a los pobres de Akká, reunidos a la puerta de una de las tiendas de ropa, recibir de manos del Maestro su correspondiente capa. A muchos especialmente a los más débiles e incapacitados, él mismo les pone la ropa y se la ajusta con sus propias manos. Hay entre quinientos y seiscientos pobres en Akká, y a todos les da una prenda de abrigo todos los años.

En los días festivos visita a los pobres en sus casas, habla con ellos, se interesa por su salud y comodidad, pregunta por los ausentes y deja regalos para todos.

Pero no es sólo a los pedigueños a los que recuerda, sino también a los pobres respetables que no pueden pedir y sufren en silencio, aquellos cuya labor diaria no cubre las necesidades de sus familias. A éstos muy discretamente, les envía pan. Ciertamente, su mano izquierda no sabe lo que hace su derecha..

Todos le conocen y le quieren, ya sean pobres o ricos, jóvenes o viejos…si alguien en la ciudad se pone enfermo, no importa que sea musulmán, cristiano o de cualquier otra secta, él está todos los días a su lado o manda a alguien de confianza. Si hace falta un médico y el paciente es pobre, él se lo trae o manda uno, con los medicamentos necesarios. Si un techo gotea, o una ventana esta rota, llama a un obrero y espera hasta que el desperfecto es reparado…todos pobres o ricos, van a él en busca de consejo. El es el padre cariñoso para todos…

Durante más de treinta y cuatro años ha sido un prisionero en Akká. Pero sus carceleros se han hecho sus amigos. Tanto el gobernador de la ciudad, como el comandante de los ejércitos, le respetan y le honran como si fuera un hermano. Ninguna opinión o recomendación tiene más peso que la suya. El es el amado de todos, humildes o aristócratas. ¿ Y cómo podría ser sino así? Puesto que para él la ley, como lo fuera para Jesús de Nazaret, es hacer el bien a quien le hace mal…

Este Maestro es tan sencillo como grande es su alma. No reclama nada para sí mismo, ni comodidad, ni honores, ni descanso. Tres o cuatro horas de sueño le son suficientes; todo el resto de su tiempo y su fortaleza son para socorrer a los que sufren en espíritu o en cuerpo. “Yo soy” dice, “el Siervo de Dios”.

Así es Abbás Efendi, el Maestro de Akká.

Cuando Bahá’u’lláh vivía en Bahjí, y, Abdu’l-Bahá en Haifa, el Maestro visitaba a Su padre una vez por semana. Le gustaba hacerlo a pie, y cuando le preguntaban porqué no iba a Bahjí a caballo respondía preguntando: ¿…quién soy yo para ir a caballo por donde el Señor Cristo anduvo?

Sin embargo su padre le pidió que montara, así que para cumplir, el Maestro salía de Akká a caballo, pero cuando se acercaba a la mansión de Baháu’lláh, desmontaba y se postraba con la frente sobre la hierba del suelo. Mientras Abdu’l-Bahá se acercaba a Bahjí, Bahá’u’lláh se volvía a los que estaban en su presencia y les decía: “ El Maestro se acerca, apresuraos a su encuentro y acompañadle.”

A un creyente que pidió a Bahá’u’lláh la merced de ser admitido a su presencia, cuando lo consiguió, Bahá’u’lláh le dijo: ¿Acaso no ves al Maestro todos los días.” El señor respondió afirmativamente, y Bahá’u’lláh dijo:”Entonces, ¿ por qué hablas de no haber estado aquí en mi presencia por varios días, tú que ves al Maestro todos los días y recibes el honor de su compañía?. El igualaba ver a Abdu’l-Bahá a verle a El Mismo.

Bahá’u’lláh ensalza a su hijo Abdu’l-Bahá

“Ha brotado del Sadratu’l-Muntahá este sagrado y glorioso Ser, esta Rama de Santidad. Bienaventurado aquel que ha buscado su protección y ha permanecido bajo su sombra. Verdaderamente el tronco de la Ley de Dios ha brotado de esta Raíz que Dios ha implantado firmemente en la Tierra de su Voluntad, y Cuya Rama se ha elevado hasta abrazar a toda la creación. Magnificado sea El, por tanto, por esta sublime, esta bendita, esta poderosa y exaltada Creación…Una palabra ha surgido de la Más Grande Tabla como una dádiva de nuestra gracia, una palabra que Dios ha adornado con el ornamento de su propio Ser y ha hecho soberana sobre la tierra y todo lo que en ella existe, y un signo de su grandeza y poder entre los hombres…

Dad gracias a Dios, oh pueblo, por su aparición. Porque, verdaderamente, él es el favor más grande que se os ha otorgado, la bendición más perfecta sobre vosotros; y por medio de él todo hueso convertido en polvo es vivificado. Quienquiera que se vuelva hacia él se ha vuelto hacia Dios, y quienquiera que se aparte de él se ha apartado de mi Belleza, ha repudiado mi Prueba y ha pecado contra Mi. El es el Fideicomiso de Dios entre vosotros, su encargado entre vosotros, su manifestación a vosotros y su aparición entre sus siervos privilegiados…Le hemos enviado en forma de un templo humano. Bendito y santificado sea Dios, quien crea lo que El desea por medio de su inviolable e infalible decreto. Aquellos que se privan de la sombra de la Rama están perdidos en el desierto del error, consumidos por el calor de los deseos mundanos, y se encuentran entre los que de seguro perecen.”

Bahá’u’lláh sigue ensalzando a Abdu’l-Bahá

“ La fuerza de la expresión de la Más Grande Rama y sus poderes no están aún completamente revelados. En el futuro se verá como El, solo y sin ayuda, levantará con poder, autoridad y divina efulgencia el estandarte del Más Grande Nombre en el corazón mismo del mundo. Se verá cómo unirá a los pueblos de la tierra bajo la tienda de la paz y la concordia.”

EL CENTRO DE LA ALIANZA

Bahá’u’lláh había educado a su inigualable hijo para que fuese el Centro de su Convenio. En un documento que El llamó  Kitáb-i-Ahdí –el Libro de mi Convenio- un documento sin paralelo en todos los anales de las escrituras de la humanidad, El hizo perfectamente claro su propósito de que Abdu’l-Bahá fuese la Cabeza de su Fe, el Exponente de su Palabra, la Infalible Balanza por medio de quien la falsedad será distinguida y separada de la verdad. Este Convenio o Alianza que Bahá’u’lláh estableció con su gente, y no sólo con ellos sino con toda la raza humana, no tiene paralelo en la historia de la religión.

En la Epístola al Hijo del Lobo, el último libro revelado por la pluma de Bahá’u’lláh, habló de su Testamento como el Libro Carmesí, “El Arca de su Testamento”,- el Testamento de Dios- que vemos mencionado en la revelación de San Juan es este Testamento de Bahá’u’lláh.

El mundo jamás ha visto algo semejante al Testamento de Bahá’u’lláh. Ni ha visto algo semejante a su Convenio. Según las palabras de Abdu’l-Bahá, “…el eje de la unidad de la humanidad no es sino el poder del Convenio”. De nuevo según sus palabras “…la Mano Segura mencionada desde la fundación del mundo de los Libros, las Tablas y las Escrituras de la antigüedad, no es sino el Convenio y Testamento”. Y de nuevo”: La lámpara del Convenio es la luz del mundo…”

Aquello que puede dar una forma concreta a la unidad de la humanidad, la unidad con la cual Dios ha dotado a su creación, son las enseñanzas y preceptos de Bahá’u’lláh. Ninguna otra cosa puede ni podrá establecer la unidad espiritual de la humanidad, un hecho indiscutiblemente reconocido y apoyado por todos los habitantes de la tierra, el principio supremo que opera en toda esfera de actividad humana. Esto y solamente esto, salvará a la humanidad de la autodestrucción.

Pero para hacer esto, las enseñanzas de Bahá’u’lláh no deben sufrir corrupción. De otro modo, sin duda fracasará. Es el Convenio de Bahá’u’lláh, el invencible poder que ha sido probado una y otra vez, el que ha preservado y preservará la integridad de sus enseñanzas. El Convenio y solamente el Convenio ha resistido la mano del profanador.

Abdu’l-Bahá es el Centro de este Convenio. En él y solamente en él encuentra el Convenio su expresión. Suya es solamente la autoridad para separar a los fieles de los infieles.

En el Kitáb-i-Aqdás El mismo ha testificado “ Bahá’u’lláh  ha designado al Centro del Convenio el Intérprete de su Palabra, un Convenio tan firme y poderoso que desde el principio de los tiempos hasta el presente día ninguna dispensación religiosa ha traído algo parecido.”

Bahá’u’lláh había confiado su Voluntad y Testamento al cuidado de Abdu’l-Bahá. En el noveno día después de Su Ascensión, su contenido fue dado a conocer. Nueve de los bahá’ís, incluyendo miembros de la sagrada familia, se reunieron para ser testigos de la ruptura del sello y estudiar el contenido del Testamento. Más tarde, el mismo día, en los recintos de la Tumba de Bahá’u’lláh se leyó su contenido. No había ninguna duda. Era evidente a quién tenían que volverse los bahá’ís, a quién tenían que obedecer y sobre los hombros de quién descansaban  ahora la autoridad total. Nadie expresó desacuerdo alguno. Todos los que estaban allí y oyeron que Abdu’l-Bahá era el sucesor de Bahá’u’lláh se sometieron a lo que El había ordenado.

¿ Cuáles, aparte de los que no hemos mencionado, fueron los principales logros de Abdu’l-Bahá?

En primer lugar, la preservación de la unidad de la comunidad mundial bahá’í, no sólo durante su propia vida, sino en el futuro, a través de la claridad de las instrucciones contenidas en su Voluntad y Testamento, un documento importantísimo “ que dio existencia, delineó sus características y puso en movimiento al proceso” de la estructura administrativa de la Fe para ser desarrollada tras su fallecimiento.

Pudo, contra toda probabilidad, llevar a cabo las instrucciones de Bahá’u’lláh de trasladar los restos de El Báb desde Irán a Tierra Santa y enterrarlos en un Santuario en el Monte Carmelo, en el mismo lugar que su padre le había indicado. “Cuando los restos mortales del Profeta de Shiraz fueron al fin depositados para su eterno descanso en el seno de la santa Montaña de Dios, Abdu’l-Bahá que se había quitado su turbante, sus zapatos y su capa, se inclinó sobre el sarcófago aún abierto, sus cabellos plateados y su semblante transfigurado y luminoso. Dejó descansar su frente sobre el borde del ataúd de madera y, sollozando, lloró con tal llanto que ninguno de los que estaban presentes pudo contener las lágrimas. Las tristezas y memorias  de toda una vida fluyeron con sus lágrimas.”

Inició la construcción de las dos primeras Casas de Adoración Bahá’ís, la primera en el Turquestán ruso, la segunda en los Estados Unidos.

Previno plenamente a los líderes y pensadores del mundo, de los peligros y obstáculos para la paz mundial y desplegó las medidas prescritas por Bahá’u’lláh para hacer posible la paz, a través del establecimiento de un nuevo Orden Mundial.

Cuando falleció en 1921, diez mil personas, representantes de una amplia variedad de diferentes razas, clases y religiones, salieron a rendirle sus últimos tributos. El suyo fue “…un funeral como Haifa, es más, Palestina misma, nunca sin duda había visto.

El alto comisionado de Palestina, el gobernador de Jerusalem, el gobernador de Fenicia, los jefes oficiales del gobierno. Los cónsules de varios países, residentes de Haifa. Los líderes de varias  comunidades religiosas, las personas eminentes de Palestina, judíos, cristianos, musulmanes, drusos, egipcios, turcos, kurdos y una multitud, americanos, europeos y nativos, hombres, mujeres, niños, tanto de la clase alta como baja, todos, casi diez mil personas, lamentando la pérdida de su Amado.”

“La suya fue una vida de ilimitado servicio a Dios, a la última Manifestación de Dios a la humanidad- Bahá’u’lláh- y al género humano. Su vida es notable por la armonía entre sus palabras  y sus acciones. Es de importancia histórica para el mundo no sólo por el papel vital que desempeñó en el efectivo establecimiento de la última Revelación de Dios en la tierra, sino también porque su ejemplo y enseñanzas continúan viviendo y ejerciendo su influencia en las vidas diarias de aquellos crecientes millones de bahá’ís en todo el mundo para quienes él es el perfecto ejemplo del divino arte de vivir y un refugio para toda la humanidad.”

De los libros: Abdu’l-Bahá de H. M. Balyuzí y

Relatos de la vida de Abdu’l-Bahá de Annamarie Honnold

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La Proclamación de Bahá’u’lláh a los Reyes

Posted by catinur en octubre 1, 2009

x630Foto por Marco Abrar – http://www.bahaipictures.com

La Proclamación de Bahá’u’lláh a los Reyes

Los escritos que han sido citados anteriormente fueron revelados, en su mayor parte, en condiciones de renovada persecución. Poco después de la llegada de los exiliados a Constantinopla, se hizo evidente que los honores hechos a Bahá’u’lláh durante Su viaje desde Bagdad habían representado tan sólo un breve intervalo. La decisión de las autoridades otomanas de trasladar al dirigente “babí” y a sus compañeros a la capital del imperio, en vez de a alguna remota provincia,aumentó la alarma entre los representantes del gobierno persa.

Temiendo que los acontecimientos de Bagdad se repitieran y que esta vez pudieran atraer no sólo la simpatía sino quizás incluso la lealtad de personajes influyentes del gobierno turco, el embajador persa presionó insistentemente para que los exiliados fueran enviados a un lugar más distante del imperio. Su argumento era que la propagación de un nuevo mensaje religioso en la capital podría tener repercusiones tanto políticas como religiosas.

Al principio el gobierno otomano se resistió enérgicamente. El primer ministro ‘Alí Páshá había expresado a los diplomáticos occidentales su creencia de que Bahá’u’lláh era “un hombre de gran distinción, conducta ejemplar, gran moderación y una figura de exquisita dignidad”. Sus enseñanzas eran, en opinión del ministro, “merecedoras de alta estima” porque se oponían a las contiendas religiosas que dividían a los súbditos judíos, cristianos y musulmanes del imperio.

Sin embargo, fue apareciendo poco a poco un cierto grado de resentimiento y sospecha. En la capital otomana el poder político y económico estaba en manos de los funcionarios de la corte que, salvo pocas excepciones, eran personas de poca o ninguna competencia. La corrupción era el lubricante con el que funcionaba la maquinaria del gobierno; la capital era un imán para una multitud de personas de dentro y fuera del imperio que se congregaba allí buscando favores e influencia. Se esperaba que cualquier personalidad de otro país o de los territorios tributarios, en cuanto llegara a Constantinopla, se uniera a la multitud que buscaba recomendaciones en las salas de recepción de los pashás y de los ministros de la corte imperial. Ningún sector de la población tenía peor reputación que los grupos enfrentados de exiliados políticos persas, conocidos tanto por su sofisticación como por su falta de escrúpulos.

Para angustia de los amigos que Le urgían a hacer uso de la hostilidad reinante contra el gobierno persa y de la simpatía que habían levantado Sus propios sufrimientos, Bahá’u’lláh dejó claro que Él no tenía peticiones que hacer. Aunque varios ministros del gobierno hicieron visitas sociales a la residencia que Le fue asignada, Él no quiso sacar provecho de estas oportunidades. Estaba en Constantinopla, decía, como invitado del Sultán, por una expresa invitación suya, y Su interés se centraba en asuntos espirituales y morales.

Continuará….

Sacado del librito: Bahá’u’lláh – Comunidad Internacional Bahá’í – Oficina de Información Pública – Nueva York

Traducido por Concepción Cuevas y Fernando García

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Próximas actividades zona norte (Pollensa)

Posted by catinur en octubre 1, 2009


Lo que los creyentes deben hacer en los días de FIESTAS BAHA’IS

El gozo vital de la religión Bahá’í encuentra su expresión en muchas fiestas y aniversarios durante el año. En un discurso en 1912 estando en Alejandría, Abdu’l-Bahá dijo:

En las sagradas leyes de Dios, en cada época y dispensación, hay fiestas santas, días festivos y días de guardar. En tales días, toda clase de ocupaciones, comercio, industria, agricultura, etc. deben suspenderse.

Todos juntos deben regocijarse celebrar reuniones generales, ser como una sola asamblea, para que la unidad nacional y la armonía sean demostradas a los ojos de todos.

Como es un día bendito, no se debe descuidar y privarlo de resultados, transformándolo meramente en un día de placer.

En tales días deben fundarse instituciones que sean de beneficio y de valor permanente para el pueblo…

Actualmente, no hay cosa de más valor o que dé más fruto que el de guiar al pueblo. Indudablemente, en tales días los amigos de Dios deben dejar pruebas tangibles de filantropía e ideales que deberán llegar a toda la humanidad y que no conciernan sólo a los bahá’ís. En esta maravillosa dispensación, las acciones filantrópicas deben hacerse para toda la humanidad, sin excepción, porque es la manifestación de la misericordia de Dios, para todo el mundo. Por lo tanto, mi esperanza es que los amigos, cada uno de ellos, sea como la misericordia de Dios para toda la humanidad.

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El Día de Dios (continuación)

Posted by catinur en junio 8, 2009

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Foto: Marco Abrar – www.bahaipictures.com

El Día de Dios (continuación)

“Este es el Día en que los más excelsos favores de Dios han sido derramados sobre los hombres, el Día en el que Su poderosísima gracia ha sido infundida en todas las cosas creadas. Incumbe a todos los pueblos del mundo reconciliar sus diferencias y morar en perfecta unidad y paz bajo la sombra del Arbol de Su cuidado y amorosa bondad. (…) 

Pronto el orden actual será enrollado y uno nuevo desplegado en su lugar. Ciertamente, vuestro Señor dice la verdad y es el Conocedor de cosas no vistas”. Bahá’u’lláh

El principal instrumento para la transformación de la sociedad y el logro de la unidad mundial, asegura Bahá’u’lláh, es el establecimiento de la justicia en los asuntos humanos. Este tema tiene un lugar central en Sus enseñanzas.

La luz de los hombres es la Justicia. No la extingáis con los vientos contrarios de la opresión y la tiranía. El propósito de la justicia es la aparición de la unidad entre los hombres. El océano de la sabiduría divina fluyó dentro de esta exaltada palabra, en tanto que los libros del mundo no pueden contener su significado íntimo”. (…)  Bahá’u’lláh

En Sus escritos posteriores, Bahá’u’lláh desarrolló las implicaciones de este principio para la edad de la madurez de la humanidad. Él afirma que “las mujeres y los hombres han sido y serán siempre iguales a los ojos de Dios,” y el progreso de la civilización exige que la sociedad organice sus asuntos de manera que se refleje plenamente este hecho. Los recursos de la Tierra son propiedad de toda la humanidad y no de un determinado pueblo. Las diferentes contribuciones al bienestar económico común merecen y deben recibir diferentes medidas de recompensa y reconocimiento, pero los extremos de riqueza y pobreza que afligen a la mayoría de las naciones de la tierra, sin considerar las filosofías socioeconómicas que profesen, deben ser abolidos.

Del librito: Bahá’u’lláh -Comunidad Internacional Bahá’í – Oficina de Información Pública, New York

Traducido por Concepción Cuevas y Fernando García

 

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Ascensión de Bahá’u’lláh

Posted by catinur en mayo 27, 2009

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Power Point

Ascension Baha’u’llah 

La alabanza que ha surgido de tu muy augusto Ser y la gloria que ha brillado desde tu muy resplandeciente belleza descansen sobre Tí, ¡oh Tú, que eres el Rey de la Eternidad, el Señor de todos los que están en el cielo y en la tierra!….

Así empieza la Tabla de Visitación.

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El Día de Dios (continuación)

Posted by catinur en mayo 2, 2009

797-460Foto: Detalle en los Jardines Bahá’ís en Haifa-Israel

El Día de Dios (continuación)

Una de las analogías más sugerentes, que se encuentra en los escritos no sólo de Bahá’u’lláh sino también con anterioridad en los escritos del Báb, es la comparación entre la evolución de la raza humana y la vida del ser humano individual. La humanidad ha pasado por etapas en su desarrollo colectivo que recuerdan los períodos de la infancia y la adolescencia en el proceso de maduración de sus miembros individuales. Estamos experimentando ahora los comienzos de nuestra madurez colectiva, dotada con nuevas capacidades y oportunidades de las que apenas si tenemos la más mínima conciencia.

Desde esta perspectiva, no es díficil comprender la primacía dada en las enseñanzas de Bahá’u’lláh al principio de la unidad. La unidad de la humanidad es el tema central de la era que ahora comienza, la norma con la que deben ser probadas todas las propuestas para el progreso de la humanidad. Hay sólo una raza humana, insiste Bahá’u’lláh; las nociones heredadas de que un grupo étnico o racial es de algún modo superior al resto de la humanidad no tienen fundamento. De igual manera  , ya que todos los Mensajeros de Dios han servido como agentes de la única Voluntad Divina, sus revelaciones son un legado colectivo a toda la raza humana; cada persona de la Tierra es heredera legítima de la totalidad de esa tradición espiritual. La insistencia en los prejuicios de cualquier tipo no sólo está dañando los intereses de la humanidad, sino que también es una violación de la Voluntad de Dios para esta época:

¡Oh pueblos y razas contendientes de la Tierra! Dirigid vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille sobre vosotros. Reuníos y, por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo que sea fuente de discordia entre vosotros. (…) No puede haber duda alguna de que los pueblos del mundo, de cualquier raza o religión, derivan su inspiración de una única Fuente celestial y son los súbditos de un sólo Dios. La diferencia entre las ordenanzas a las que están sometidos debe ser atribuida a los requisitos y exigencias variables de la época en la que fueron reveladas. Todas ellas, excepto unas pocas que son producto de la perversidad humana, fueron ordenadas por Dios y son el reflejo de Su Voluntad y Propósito. Levantáos y, armados con el poder de la fe, despedazad los dioses de vuestras vanas imaginaciones, los sembradores de disensión entre vosotros. (…)                                                                                                                                  

 El tema de la unidad está presente en todos los escritos de Bahá’u’lláh: “El tabernáculo de la unidad ha sido levantado; no os miréis unos a otros como extraños. Asociaos con los seguidores de todas las religiones en un espíritu de amistad y fraternidad. Sois los frutos de un sólo árbol y las hojas de una misma rama.”            

El proceso a través del cual la humanidad ha alcanzado su mayoría de edad se ha producido dentro de la evolución de la organización social. Comenzando con la unidad familiar y sus diferentes ramificaciones, la raza humana ha desarrollado con distintos grados de éxito sociedades basadas en el clan, la tribu, la ciudad-estado y más recientemente la nación. Con esta progresiva ampliación y complejidad del entorno social, el potencial humano ha encontrado a la vez un estímulo y un terreno para su desarrollo. Y este desarrollo ha provocado constantemente, a su vez, nuevas modificaciones en la estructura social. La mayoría de edad de la humanidad debe traer consigo, por tanto, una transformación total del orden social. La nueva sociedad debe ser capaz de abrazar a toda la diversidad de la raza humana y de beneficiarse de la amplia variedad de talentos y visiones que son el fruto de miles de años de experiencia cultural:                                           

 Continuará….                                                                                                                                                                                                                                                                                      

Del librito: Bahá’u’lláh  – Traducido por Concepción Cuevas y Fernando García

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Ridván, la Fiesta Más Grande, el Día de Dios

Posted by catinur en abril 21, 2009

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¡FELIZ RIDVÁN A TODOS LOS BAHÁ’ÍS DEL MUNDO!

OS DESEAMOS DESDE POLLENSA, BELLA LOCALIDAD DEL NORTE DE MALLORCA – ESPAÑA

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El Día de Dios

Posted by catinur en marzo 31, 2009

x580Foto: Salida del sol en Tierra Santa por Marco Abrar – http://www.bahaipictures.com

El Día de Dios

¿Cuál es, según Bahá’u’lláh, la meta de la evolución de la conciencia humana? En la perspectiva de la eternidad, el propósito de esta evolución es que Dios viera, cada vez con más nitidez, el reflejo de Sus perfecciones en el espejo de Su creación y que, en palabras de Bahá’u’lláh:

(…) cada hombre pueda atestiguar en sí mismo, por sí mismo y en la posición de la Manifestación de su Señor, que verdaderamente no hay otro Dios salvo Él y que cada hombre pueda alcanzar así su camino hacia la cumbre de las realidades, hasta que nadie contemple cosa alguna, cualquiera que sea, sin ver en ella a Dios.

En el contexto de la historia de la civilización, el ojetivo de la  sucesión de las Manifestaciones divinas ha sido preparar la conciencia humana para la unificación de la humanidad como una sola especie, más aún, como un único organismo capaz de asumir la responsabilidad de su futuro colectivo: “Aquel que es vuestro Señor, el Todo Misericordioso”, dice Bahá’u’lláh, “atesora en Su corazón el deseo de ver a toda la raza humana como una sola alma y un solo cuerpo“. Hasta que la humanidad no haya aceptado su unidad orgánica no podrá ni siquiera afrontar sus desafíos inmediatos, mucho menos aquellos que le aguardan en el futuro: “El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables a menos y hasta que su unidad sea firmemente establecida” reitera Bahá’u’lláh.

Sólo una sociedad unificada puede proporcionar a sus hijos el sentido de seguridad interior implícito en una de las oraciones de Bahá’u’lláh a Dios: “Cualquier deber que Tu hayas prescrito a Tus siervos de ensalzar al máximo Tu majestad y gloria es sólo una muestra de Tu gracia hacia ellos, a fin de que les sea posible ascender a la posición conferida a su propio ser interior, la posición del conocimiento de sí mismos.” Paradójicamente sólo consiguiendo la verdadera unidad puede la humanidad cultivar plenamente su diversidad e individualidad. Esta es la meta a la que han servido las misiones de todas las Manifestaciones de Dios conocidas en la historia, el Día de “un solo rebaño uy un solo pastor.” Su consecución, es la etapa de la civilización a la que se aproxima la humanidad.

Continuará…

Del libro Baha’u’lláh – Traducido por Concepción Cuevas y Fernando García

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Naw Ruz en Pollensa

Posted by catinur en marzo 21, 2009

la-victoriaFoto: La Victoria, Alcudia – Mallorca

Parte de la comunidad de Pollensa y de la comunidad de Calvia, hemos celebrado Naw Ruz (Año Nuevo) en este maravilloso lugar y Dios nos ha regalado un día espléndido. Rezar y meditar en plena naturaleza eleva el espíritu y el picnic para la parte social, reconforta el cuerpo…

¡Felíz Naw Ruz! ¡Felíz Año Nuevo!

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Una civilización en contínuo progreso

Posted by catinur en marzo 2, 2009

fuenteFoto: Marco Abrar – http://www.bahaipictures.com

Una civilización en contínuo progreso

En estos párrafos se halla implícita un perspectiva que representa la característica más desafiante de la exposición de Bahá’u’lláh sobre la función de la Manifestación de Dios. La Revelación Divina, declara Él, es la fuerza motriz de la civilización. Cuando tiene lugar esa Revelación, su efecto transformador sobre las mentes y las almas de  los que responden a ella es reproducido en la nueva sociedad que va tomando forma paulatinamente en torno a esa experiencia. Aparece un nuevo foco de lealtad que puede lograr el compromiso de pueblos de muy diversas culturas; la música y las artes utilizan símbolos que transmiten unas aspiraciones mucha más ricas y maduras; una nueva y radical definición de los conceptos de lo correcto y lo erróneo hace posible la formulación de nuevos códigos de leyes civiles y de conducta; se crean nuevas instituciones con el propósito de dar expresión a los impulsos de responsabilidad moral que anteriormente eran ignorados o desconocidos; “Estaba en el mundo y el mundo fue hecho por él (…) (Nuevo Testamento, Juan, 1:10.) 

A medida que la nueva cultura evoluciona hacia una civilización, asimila los logros e ideas de épocas pasadas en una multitud de nuevas combinaciones. Las características de antiguas culturas que no pueden ser incorporadas se atrofian o son adoptadas por elementos marginales de la población. La Palabra de Dios crea nuevas posibilidades tanto en la conciencia individual como en las relaciones humanas.

“Toda palabra que emana de la boca de Dios está dotada de tal potencia que puede infundir nueva vida en cada estructura humana (…) Todas las maravillosas obras que contempláis en este mundo han sido manifestadas mediante la acción de Su suprema y exaltada Voluntad, Su maravilloso e inflexible Propósito, (…) En cuanto es pronunciada esta resplandeciente palabra, sus energías animadoras, agitándose dentro de todas las cosas creadas, dan nacimiento a los medios e instrumentos con los que tales artes pueden producirse y perfeccionarse, (…) En los días venideros, veréis por cierto cosas de las que jamás habéis oído, (…) Cada letra que procede de la boca de Dios es verdaderamente una letra madre y cada palabra pronunciada por Aquel que es la Fuente de la Revelación Divina es una palabra madre, (…)” Bahá’u’lláh

La sucesión de Revelaciones Divinas, afirma Bahá’u’lláh, es “un proceso que no ha tenido principio ni tendrá fin.” Aunque la misión de cada una de las Manifestaciones está limitada en el tiempo y en las funciones que realiza, es una parte integral de un desarrollo contínuo y progresivo del poder y la voluntad de Dios.

“Contempla con tu vista interior la cadena de Revelaciones sucesivas que ha vinculado a la Manifestación de Adán con la del Báb. Atestiguo ante Dios que cada una de estas Manifestaciones ha sido enviada por la acción de la Voluntad y Propósito Divinos, que cada una ha sido portadora de un mensaje determinado, que cada una le ha sido confiado un Libro divinamente revelado, (…) La medida de la Revelación con la que una de ellas ha sido identificada había sido preordenada con precisión, (…) Bahá’u’lláh

Finalmente, a medida que una civilización en continua evolución agota sus fuentes espirituales, empieza un proceso de desintegración, al igual que ocurre en el mundo de los fenómenos. Volviendo otra vez a las analogías que ofrece la naturaleza, Bahá’u’lláh compara esta pausa en el desarrollo de la civilización como la cohesión social. Los desafíos, que se hubieran superado en etapas anteriores o se hubieran convertido en oportunidades para la investigación y el éxito, se convierten en barreras insuperables.

La religión pierde su relevancia y la inquietud renovadora va interrumpiéndose progresivamente, haciendo cada vez más profundas las divisiones sociales. La incertidumbre sobre el significado y valor de la vida genera cada vez más ansiedad y confusión. Refiriéndose a esta condición de nuestra época, Bahá’u’llah dice:

“Percibimos perfectamente cómo toda la raza humana está rodeada de grandes e incalculables aflicciones. La vemos languidecer en su lecho de enfermo, severamente atribulada y desilusionada. Los que están embriagados de orgullo se han interpuesto entre ella y el divino e infalible Médico. Atestiguad cómo han envuelto a todos los hombres, incluídos ellos mismos, en la red de sus artificios. No pueden descubrir la causa de la enfermedad, ni tampoco poseen conocimiento alguno del remedio. Han concebido que lo recto es torcido y han imaginado que su amigo es un enemigo.”

Cuando cada uno de los impulsos divinos se ha cumplido, el proceso se repite. Una nueva Manifestación de Dios aparece con una medida más plena de la inspiración divina para la siguiente etapa del despertar y del proceso civilizador de la humanidad:

“Considera la hora en que la suprema Manifestación de Dios se revela a los hombres. Hasta la llegada de esa hora, el Antiguo Ser, que permanece todavía desconocido a los hombres y no ha dado aún expresión a la Palabra de Dios es, Él Mismo, el Omnisciente en un mundo en el que no hay ningún hombre que Le haya conocido. Él en verdad es el Creador sin una creación. (…) Éste es de hecho el Día del que se ha escrito: “¿De quién será el Reino en este Día?” ¡Y no se encuentra a nadie dispuesto a contestar!”

Hasta que una parte de la humanidad comienza a responder a la nueva Revelación y un nuevo paradigma espiritual y social empieza a tomar forma, la gente subsiste espiritual y moralmente con los últimos vestigios de los dones divinos anteriores. Las tareas rutinarias de la sociedad pueden seguir haciéndose o no; las leyes se pueden obedecer o incumplir; las tentativas políticas y sociales pueden funcionar o fracasar; pero las raíces de la fe -sin las cuales ninguna sociedad puede durar indefinidamente – se han secado. En el “fin del tiempo”, el “fin del mundo” los que están despiertos espiritualmente comienzan a volverse de nuevo hacia la Fuente creativa. No importa cuán torpe o molesto pueda ser el proceso, no importa lo poco elegantes o desafortunadas que sean algunas de las opciones consideradas, tal búsqueda es una respuesta instintiva a la constatación de que se ha abierto un inmenso abismo en la vida ordenada de la humanidad.

Los efectos de la nueva Revelación, dice Bahá’u’lláh, son universales y no limitados a la vida y enseñanzas de la Manifestación de Dios, que es el eje central de la Revelación. Aunque no se comprendan, estos efectos impregnan cada vez más los asuntos humanos, revelando las contradicciones existentes en las creencias populares y en la sociedad, e intensificando la búsqueda de una mayor comprensión.

La sucesión de las Manifestaciones es un hecho consustancial a la creación, declara Bahá’u’lláh, y continuará durante toda la vida del mundo: “Dios ha enviado a sus Mensajeros para que secedan a Moisés y Jesús y continuará haciéndolo hasta el fin que no tiene fin (…).

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